Bajo el agua…

… hay mucha vida que no vemos.

Este mes de agosto nos hemos podido permitir una escapadita y como todos los que tenemos niños pequeños, nos hemos tenido que planificar en base a ellos, sus gustos y en tenerlos entretenidos y, en la medida de lo posible, educarlos.

En mi caso y aprovechando que le gustan mucho los animales hemos ido a la ciudad de Valencia y, entre otros sitios, hemos visitado el Oceanogràfic. Yo personalmente no es la primera vez que voy ni el primero que visito, entre otros, he estado en el de Londres y en el de Barcelona aunque el de Valencia es el que más me ha impresionado. No acabo de entender muy bien la función conservacionista de estos lugares porque no sé si la exhibición de los animales implica alguna ayuda en su conservación, seguramente haya programas de cría y protección que a mi se me escapan. Lo que es innegable es que tienen una fuerte vertiente de educación social.

La pequeña se lo pasó en grande y el padre, yo, cámara en mano, también, pues iba descubriendo algunos detalles que de otra forma no hubiese visto y eso que seguramente es una pequeñísima fracción de lo que existe.

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Y esa reflexión de la diversidad que hay no solo en tierra sinó también bajo ella y en las aguas me dejó pensando en lo pequeños que somos, lo poco que sabemos y la falta que hace que cuidemos estos ecosistemas que tenemos.

En la vertiente fotográfica, en donde el premio es la obtención de una imagen estoy convencido que el esfuerzo por conseguirla es todavía mayor porqué además de fotografiar hay que saber bucear, o si queréis lo digo al revés, además de bucear en un elemento que no es el nuestro natural hay que ingeniarselas para fotografiar con toda una serie de cachibaches específicos en donde la variedad de sujetos es mucha como en estas fotos tomadas en la tranquilidad del otro lado del tanque en tierra firme.

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Desde aquí mi admiración a los fotógrafos submarinos (o submarinistas) por enseñarnos magníficas fotografías, que admito que cada vez me llaman más la atención, de ese gran mundo acuático tan desconocido por la mayoría de nosotros. Al fin y al cabo yo hice trampas, me puse al otro lado del cristal respirando cómodamente en la superficie terrestre dentro de una habitación bien climatizada, subí la ISO y esperé el momento tanto como consideré.

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Al final tanto los padres como la hija aprendimos cosas y nos lo pasamos genial.

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