Luna creciente

Ésta es mi cuarta incursión en fotografiar la luna con una intencionalidad más astronómica pero sin olvidar también la estética y fotográfica que es el motor principal de este blog.

El 27 de julio de 2018 fotografié el eclipse total de luna desde la costa. Aunque fue más bien una fotografia paisajística que una centrada en la luna en sí.

El 16 de julio de 2019 le tocó el turno a un eclipse parcial y esta vez si me centré más en la luna gracias a tener un multiplicador x1,4 (regalo de cumple de mi santa esposa que me aguanta y sabe lo que me gusta).

Y el 9 de abril de 2020 le tocó el turno a una «superluna» que era una luna llena al 99%, ya decreciendo, (a las 3 A.M.) , en pleno confinamiento y desde el balcón de casa, anunciada a bombo y platillo. De hecho el día anunciado para la llamada «superluna» era el dia 8 de abril, que a las 4.32 h estaba a un 99,2% de su crecimiento (en fase creciente) y su tamaño aparente era, supuestamente de un 7,7% mayor, casi me come! Era ironía.

A esa entrada del 9 de abril de 2020 aproveché para dar un pasito más y sacarle los colores (por la composición mineral del regolito en diferentes zonas) que aprendí en un artículo de la web astrosurf.com. También le identifiqué los mares de la luna de forma más o menos «basta» simplemente fijándome en fotografías de la wikipedia e intentando compararlas con mi imágen.

Y ahora viene la cuarta entrada…

El pasado 22 de diciembre, también desde el balcón de casa, y aprovechando que se había despejado de nubes (solo por una estrecha ventana de 40 o 50 minutos) me apeteció fotografiar una luna que no fuese llena y en este caso, a las 21h estaba sobre un 58% (y creciendo). Así que planté el trípode en el balcón, no sin la mirada furtiva de algunos transeuntes (y probablemente vecinos) que no entendían que estaba haciendo y con el objetivo a 200 mm + multiplicador x1,4 + la Canon EOS 7D (factor de recorte x1,6).

En total 448 mm de focal efectiva pero con una rótula en una posición forzada que le costaba mantener la estabilidad a nada que la tocara (esa posición forzada era a causa de la elevación de la luna y la necesidad de sortear esquinas de edificios y la terraza del piso de arriba. A las horas que eran, sobre las 21.30 o 21.40 cuando acabé y con el confinamiento por toque de queda (media de prevención social contra la pandemia Covid-19) no había posibilidad de salir al campo y por ello ni siquiera me lo plantee a las 21 h. Además, el hecho de montar un multiplicador x1,4 y usarlo a la máxima focal del teleobjetivo hace que el foco se vuelva muy blandito y tuve que desechar muchas imágenes posteriormente.

Finalmente, me quedé con una serie de 3 fotografías que saqué mediante bracketing y las uní con Lightroom para sacar una imagen en HDR que posteriormente optimicé en el revelado de la imagen resultante. Aún así, cada vez que la miro me parece decepcionante su tamaño… (me refiero a la magnificación obtenida después del esfuerzo de poner todos los medios de que dispongo). Vale, sí, la luna está a 384400 km de nosotros…

Ésta es la fotografía:

Así que, como no se podía hacer nada más y quería ver los detalles, especialmente en el terminador (la zona justa donde empieza la penumbra) no me quedó nada más que hacer que un recorte al 100% de la imagen donde aproveche para darle un encuadre horizontal para mis propósitos posteriores.

Como veis, con el ajuste de procesado inicial se puede observar aberración cromática en el perfil de la luna (diferentes longitudes de onda, es decir diferentes colores, haciendo foco en diferentes puntos del objetivo, de hecho son menos que milímetros porque en principio este objetivo es bueno y preparado para minimizar esta aberración, pero es lógico que forzándolo tanto algo se note).

En photoshop pude minimizarlo aún más y, con ayuda del enlace de Astrosurf que compartí antes, la reprocesé para exagerar los colores causados por los distintos minerales que componen la superficie lunar. Hasta donde yo he llegado leyendo en diferentes partes parece ser que el más anaranjado es pobre en titanio y las zonas más azuladas son ricas en titanio. Las partes que se mantienen blancas parece ser que son capas vidriosas de material fundido en el impacto de meteoritos que reflejan muchísimo la luz. De hecho parece ser que el motivo por el que no vemos realmente los colores de la Luna des de la Tierra podría ser por la cantidad de luz del Sol reflejada. Insisto todo esto es de lo que he leído en algunas webs, yo no tengo formación al respecto ni tampoco lo he leído a ningún autor de prestigio.

La imagen está muy saturada aposta para que se vieran bien las diferencias de tonalidades.

A continuación lo que hice fue bajar un poco la saturación de la imagen para que no tuviese tanto protagonismo e intentar identificar algunos mares y cráteres de la luna. Tenía especial interés en los del terminador porque creo que es la zona donde más se notan los relieves.

Esta vez usé un programa que os podéis instalar gratuitamente, el Virtual Moon Atlas (también podéis instalar las traducciones, originalmente está en inglés i francés. Funciona en windows pero si tenéis Mac lo podeis usar con cualquier emulador, yo uso el Crossover (que a su vez creo que se basa en wine). Crossover es de pago pero podéis investigar si hay gratuïtos que os puedan servir si solo lo queréis para esto (todo dependerá de si lo soportan).

En líneas rojas y color blanco tenéis la identificación de los mares. En líneas naranjas y letras amarillas, los cráteres (y alguna explanada «amurallada»)

Consultando el Virtual Moon Atlas he podido leer muchas curiosidades de los diferentes accidentes geográficos de la luna. No solo tamaños (básicamente diámetro y altura) y edades aproximadas, aunque la mayoría he deducido que se produjeron en la época conocida como el Gran Bombardeo hace más de 4000 millones de años (hay un artículo en la revista Astronomía del núm 258 de este diciembre en que se habla justamente de esto; el autor es Alberto González Fairén del centro de Astrobiología CSIC/INTA), también he podido conocer el origen de algunos nombres y sus autores.

Uno de estos que me ha llamado la atención por tener la autoría de muchos nombres es Giovanni Battista Riccioli (astrónomo jesuita del s. XVII). De este hombre tengo varias anécdotas que me han divertido. Una de ellas hace referencia a los nombres de los cráteres que he identificado entre los cuales están Alphonsus en honor a Alfonso X el sabio ( 1221- 1284, rey español que entre otras facetas parece que también gustaba de la astronomía) y que aunque otros autores han dado otros nombres parece que el que le dió Riccioli es el que ha perdurado.

Otra de las cosas que me ha parecido curiosa es que uno de los discípulos de Riccioli (1598 – 1671) fue el astrónomo Giovanni Domenico Cassini (1625 – 1712) y de aquí he ido estirando el linaje. Su hijo fue, el también astrónomo, Jacques Cassini (1677 – 1756) también conocido como Cassini II. El hijo de éste también fue astrónomo y se llamaba César-François Cassini de Thury (1714 – 1784) y al que se le conocía como Cassini III o también Cassini de Thury. Le sucedió Jean-Dominique Cassini, conde de Cassini o Cassini IV (1748 – 1845) también astrónomo. Su hijo fue (vaya, o uno de ellos porque no he indagado tanto pero creo que tuvo 5) Alexandre Henri Gabriel de Cassini, vizconde de Cassini o Cassini V, (1781 – 1832) que ya no se dedicó a la astronomía sinó que fue magistrado y botánico.. En toda la wikipedia no he encontrado más datos para seguir tirando del hilo hasta la actualidad. ¿Será que se truncó la saga Cassini con éste último? Como curiosidad tan solo los 2 primeros eran de origen italiano, el resto eran de origen francés.

Disculpadme esta divagación. Habrá a quien no le interese pero a mi me gusta estirar del hilo y seguir secuencias poco más o menos como me he ido yo metiendo en esto: fotografía –> naturaleza –> diferentes aprendizajes en disciplinas de la fotografía y de aquí muchas otras cosas que le son periféricas. En fin… que una cosa lleva a la otra y a la otra etc…

Y hasta aquí esta entrada astronómica.

Saludos!